1. Cambios negativos importantes en el rendimiento escolar; en ocasiones incluso a pesar de hacer el niño un esfuerzo notable.

2. Al niño se lo ve muy preocupado, triste o con una ansiedad excesiva. Esto último puede manifestarse de diversas formas:

  • negándose a ir a la escuela,
  • negándose a dormir (muchas veces reclaman la compañía de sus padres para lograrlo)
  • negándose a participar en actividades normales para un niño de su edad.

3. Hiperactividad, inquietud, movimiento constante más allá de lo que se considera el juego normal del niño.

4. Desinterés y/o relaciones escasas con los compañeros o niños de su edad

5. cambios en los patrones de sueño o alimentación

6. Pesadillas persistentes y otros trastornos del sueño (despertares frecuentes o precoces, retrasos en la conciliación,..)

7. Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta desafiante, provocativa u oposicionista hacia las figuras de autoridad.

8. Rabietas frecuentes e inexplicables